Debajo de la cama
se sigue escondiendo
el miedo inmemorial
a mirar
miércoles 30 de mayo de 2007
martes 29 de mayo de 2007
Patrón de barrio

Otra mañana perdida, pienso rabioso mientras juego con la espuma que sale de mi boca al lavarme los dientes. El tiempo que me lleva vestirme lo gasto enumerando las cosas que ya no haré: comprar el diario para desayunar no noticias, ver pasar a los chicos yendo a la escuela o a los paseadores con su ramillete de perros, tampoco buscarme un trabajo de verdad ni ninguna de esas cosas que, imagino, suceden por la mañana.
Y digo imagino porque mi romance con las sabanas viene de lejos. No se porque, pero siempre tengo los mejores sueños después que el sol me despertó al menos una vez. En las horas siguientes juego mejor al fútbol, conquisto mujeres más guapas y escapo mas fácil de los que me persiguen. Todo al módico costo de desconocer lo que pasa a la mañana. A veces creo que es un buen negocio.
Cuando por fin salgo a la vida la calle ya hormiguea. Me sumerjo en la multitud y surfeando entre la gente llego a la “oficina”.
Cuando entro me saludan con el respeto que solo infunde el temor. Y todos me respetan.
Me siento en la última mesa dando la espalda a la pared – no es que tenga miedo pero no soy zonzo – y mientras el gallego me trae lo de siempre, abro la libretita y hago pasar al primero. Las próximas horas tengo que estar bien despierto. Todos estos perejiles te quieren pasar y ya no me entusiasma la idea de mostrarles lo que les pasa a los que se creen mas vivos que yo.
Pierdo unas cuantas horas cuidando el negocio y agradeciendo las falsas loas de los tenderos a los que les hice algún “favor” y, antes de que anochezca, camino unas cuadras para subirme a un colectivo sin que nadie me vea.
Por la ventanilla veo correr la ciudad y aprovecho para dejar salir las lágrimas que me arranca esta vida solitaria.
Y digo imagino porque mi romance con las sabanas viene de lejos. No se porque, pero siempre tengo los mejores sueños después que el sol me despertó al menos una vez. En las horas siguientes juego mejor al fútbol, conquisto mujeres más guapas y escapo mas fácil de los que me persiguen. Todo al módico costo de desconocer lo que pasa a la mañana. A veces creo que es un buen negocio.
Cuando por fin salgo a la vida la calle ya hormiguea. Me sumerjo en la multitud y surfeando entre la gente llego a la “oficina”.
Cuando entro me saludan con el respeto que solo infunde el temor. Y todos me respetan.
Me siento en la última mesa dando la espalda a la pared – no es que tenga miedo pero no soy zonzo – y mientras el gallego me trae lo de siempre, abro la libretita y hago pasar al primero. Las próximas horas tengo que estar bien despierto. Todos estos perejiles te quieren pasar y ya no me entusiasma la idea de mostrarles lo que les pasa a los que se creen mas vivos que yo.
Pierdo unas cuantas horas cuidando el negocio y agradeciendo las falsas loas de los tenderos a los que les hice algún “favor” y, antes de que anochezca, camino unas cuadras para subirme a un colectivo sin que nadie me vea.
Por la ventanilla veo correr la ciudad y aprovecho para dejar salir las lágrimas que me arranca esta vida solitaria.
jueves 10 de mayo de 2007
Desvelos
Hay noches que vuelven,
llegan desde mi pasado
los Mariano que era entonces,
a reprocharme
sus anhelos
deshechos.
Y yo los miro a la cara
y me les cago de risa
Y despues
no duermo.
llegan desde mi pasado
los Mariano que era entonces,
a reprocharme
sus anhelos
deshechos.
Y yo los miro a la cara
y me les cago de risa
Y despues
no duermo.
Nacimientos
Tambien tiembla,
se desgarra,
se rompe en pedazos
la tierra,
en el momento exacto
en que pare la semilla.
se desgarra,
se rompe en pedazos
la tierra,
en el momento exacto
en que pare la semilla.
De nada valen
las lagrimas,
sólo soy,
una sombra sin hombre
palabras grafiteadas
en el lado oscuro
de la luna.
las lagrimas,
sólo soy,
una sombra sin hombre
palabras grafiteadas
en el lado oscuro
de la luna.
De la crónica diaria
Estas fiestas arrojan
el triste saldo
de diez chicos que descubren
que los reyes
son los padres
el triste saldo
de diez chicos que descubren
que los reyes
son los padres
Manifiesto Cuakero
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